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Goma de borrarLa mejor definición que he leído de la enfermedad de Alzheimer es que se trata de una goma de borrar.

Va difuminando tu personalidad y tu identidad, borrando no sólo los recuerdos, sino la geografía de tus emociones.

A veces lo último que se esfuma son las aristas y los pinchos, y entonces no sólo te dañas a ti misma, sino que hieres también a los demás.

Ojalá cuando esté más avanzado nuestro proceso de envejecimiento la ciencia haya descubierto la manera de frenar la goma voraz.

Pero, mientras tanto, sólo nos cabe equiparnos lo mejor posible, porque nadie parece estar totalmente fuera de peligro.

En mi mochila de supervivencia voy a meter cuatro cosas:

  • Mi salud de hoy, pues tengo claro que no sólo me cuido para mi bienestar, sino para envejecer dando la menor guerra posible a los que me rodean.
  • Mi carácter, porque el tiempo, aunque aporta experiencia, también añade hartazgo e impaciencia. Hay que priorizar aquello por lo que realmente vale la pena enfadarse, desterrando el resentimiento y la amargura, que sólo sirven para sumar otro problema más.
  • Mis afectos, amores y amistades, que son el tesoro de la vida, el bálsamo frente a las adversidades y la razón de ser.
  • Mi curiosidad por explorar lo que hay alrededor, evitando la tiranía del propio ombligo, luchando contra la tendencia a considerar que somos el centro del universo. No lo somos.

Aunque estas cuatro cosas no serán suficientes si me alcanza la goma, por lo menos creo que podrá ser menos devastadora.

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