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Aprenent a rapelarSiempre había pensado que los entusiastas de los suspensos eran los alumnos aprendices de malotes.

Los que gustan ir de duros por la vida y consideran blandengues -por no decir otra cosa más incorrecta- a los que se esfuerzan en estudiar y sacar buenas notas.

Confieso que estos alumnos me atraen. Son objetores de conciencia en el sistema educativo y me gusta mucho desmontarles la película que se han forjado. 

Pero día a día les crece la competencia. Los malotes de la clase no son los únicos ni los mejores amantes de las malas notas.

Sus competidores son aquellos profesores que, para considerarse competentes, necesitan suspender o bajar las notas de los alumnos.

Los que asocian otorgar “notas bajas” a ser docentes exigentes y rigurosos. Ejemplos vivientes de la calidad, etcétera. Persiguen pillar fallos en sus alumnos y evitan darles pistas sobre cómo evitarlos. 

Sospecho que también desean subrayar su autoridad a través de esta práctica. Que quede claro quién manda. Si se tratara de escalar -que no es el caso- sería como esperar que los chicos lo hicieran mal o se hicieran daño en lugar de explicarles exactamente cómo rapelar con seguridad y soltura.

Hace pocos días me entrevisté con Jota, un estudiante que me planteó claramente su objetivo: Quiero sacar matrícula de esta asignatura. Dime que tengo que hacer para mejorar y hago lo que sea. ¡Más claro, agua!. ¡Esta es la actitud!

Claro que te voy a ayudar, Jota: voy a hacer lo posible para que aprendas el máximo y saques la mejor nota que puedas. Ése es mi trabajo, sencillamente.

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