Pan con tomate en ZafraEste fin de semana tuve una maratón académica: el arranque de la asignatura de Entrenamiento al Liderazgo Social en Esade.

Todo el sábado y todo el domingo impartiendo, repartiendo y compartiendo con 31 estudiantes entre 19 y 20 años. ¡Y con un equipo docente fantástico, que se ocupaban simultáneamente de otros grupos!.

Era una prueba física e intelectual para todos y yo me incluyo en el paquete, por supuesto. Afortunadamente, llegamos al final sanos, salvos y de buen humor, a pesar del cansancio.

Nunca hubiera acudido a esta maratón sin haber desayunado. Pero buena parte de los estudiantes llegaron a clase por la mañana con el estómago vacío. Este hecho, bastante frecuente, siempre me sorprende.

Evidentemente, no es por dificultades económicas ni por falta de información nutricional… ¡de información andan sobrados! Creo que no se valora lo suficiente la importancia del desayuno, los efectos de su ausencia en el funcionamiento del cerebro.

Hasta cierto punto, en este tema mantenemos el concepto medieval de separación entre cuerpo y mente, impermeables como somos a las evidencias científicas. Nos parece que no tiene nada que ver lo que comemos con lo que hacemos o lo que pensamos. Y no es así.

Para ilustrar este post, nada mejor que mi querido pan con tomate. Estoy coleccionando fotos de este maravilloso desayuno en mis viajes por las españas, que desmienten el tópico de que sólo se come pan con tomate en Cataluña.

El que ves en la foto fue consumido con gran placer en Zafra, Extremadura, poco antes de empezar una clase: el mejor combustible para mi rendimiento docente.

 

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