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El vaso boca abajoCuando una viaja aprende cantidad de cosas sorprendentes. Una de las joyas esotéricas que me llevo esta vez de Buenos Aires es el misterio del vaso boca abajo.

Me lo contaron los amigos de Paraná, Entre Ríos. Siempre que me llegan supersticiones locas como ésta una parte de mi se muere de risa y la otra parte se muere de curiosidad por probar.

Bueno, pues se trata de un remedio para encontrar algo que has extraviado en tu casa. Cualquier  objeto que no logras encontrar: las llaves, las gafas, las únicas tijeras que cortan, etcétera.

Consiste en poner un vaso boca abajo encima de una mesa. Vuelves a buscar y encuentras lo que andabas buscando. Así de fácil, así de simple.

Estoy escribiendo este post con el vaso de la foto correctamente colocado a mi lado. Quiero acordarme de algo que no reseñé de esta semana argentina que se me acaba. Mmm… ¿qué era?

Tic, tac…

¡Funciona! Ya me acuerdo:  olvidé citar una aportación que hizo no se quién (ostras, ¡tengo que poner otro vaso!) sobre la conveniencia de dejar aflorar el talento de los jóvenes en los proyectos de aprendizaje-servicio, aunque no guarde relación alguna con el sacrosanto currículum.

Recuerdo (¡esta vez sin necesidad de vasos adicionales!) a los estudiantes de veterinaria de la UBA inventando una canción para motivar a los niños de la guardería de Villa Soldati a lavarse las manos antes y después de tocar los animales.

¿Qué tiene que ver cantar con el currículum de Veterinaria? Absolutamente nada. Pero el proyecto, que consistía en organizar un consultorio veterinario quincenal en ese barrio, ganó atractivo, belleza y calidez… ¿acaso no es importante?

Por favor, amiguetes fanáticos del currículum: relajaos un poco y poned un vaso boca abajo. Tal vez os olvidáis de alguna cosa importante.

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