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El ser humano es fundamentalmente un ser de cuidado más que un ser de razón o de voluntad (…). Las humanas y los humanos ponen y han de poner cuidado en todo: cuidado por la vida, por el cuerpo, por el espíritu, por la naturaleza, por la salud, por la persona amada, por el que sufre y por la casa. Sin el cuidado la vida perece.

Puse esta cita de Leonardo Boff en un capítulo del libro Aprendizaje servicio (ApS) Educación y compromiso cívico, coordinado por Josep M.Puig.

La recordé hace poco, cuando me llegó este vídeo Experimento Comparte tan elocuente de la ONG Acción Contra el Hambre, que muestra que ayudar y compartir es un mecanismo básico de la especie humana, más que depredar o competir.

Recuerdo haber estudiado que en el siglo XIX esto no era evidente. Con el impacto de la obra de Darwin y de la teoría de la selección natural se abrió una polémica sobre el alcance real del altruismo, un comportamiento que parecía -sólo parecía- “contra natura” en el discurso darwiniano del origen de las especies.

Precisamente Puig me sugirió leer un libro de Lee Alan Dugatkin muy clarificador sobre el alcance de esta polémica: Qué es el altruismo. La búsqueda científica del origen de la generosidad. Lo disfruté muchísimo.

Poco después, en una entrevista por la radio me preguntaron esto mismo: Pero, a ver, ¿la generosidad la llevamos en los genes o no? No me atreví a decir que sí. No soy especialista en genética, ni siquiera bióloga. Uf, vaya lío.

De manera que, citando a Dugatkin, respondí que, en cualquier caso, está claro que la generosidad es conveniente y deseable. Si la llevamos en los genes, mejor. Y si no la llevamos… ¡nos la tendremos que inocular!.

Si hoy me volvieran a hacer la pregunta, respondería: ¿Habéis visto el vídeo de Experimento Comparte? ¡Pues vamos a verlo y después hablamos!

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