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Roberto Flores, que es uno de mis principales proveedores de reflexiones, me envía en apenas 24 horas dos impactos que quiero compartir.

El primero es una crónica escalofriante sobre los jóvenes sicarios de Medellín,  que relata cómo la oferta de asesinos, jóvenes, desnortados y dispuestos incluso a matar gratis, excede la demanda de víctimas.

El reportaje revela cómo los sentimientos y valores de los sicarios han ido evolucionando: de una cierta consciencia de culpa reflejado en la devoción a la Virgen María Auxiliadora, la “Virgen de los Sicarios”, a una fría y desconcertante deshumanización, donde la vida y la muerte pierden su significado.

El segundo es la extraordinaria, por brillante, sencilla e inspiradora, conferencia TED de Bernardo Toro, filósofo colombiano para quien El cuidado no es una opción. Aprendemos a cuidar o perecemos.

Bernardo Toro alienta a cambiar el paradigma del ganar-perder por el paradigma del ganar-ganar, que está en la raíz de la ética del cuidado, cuyo valor central es la responsabilidad, el deber moral de ayudar a los demás, supeditando el beneficio personal al beneficio comunitario.

En palabras de Leonardo Boff: El ser humano es fundamentalmente un ser de cuidado más que un ser de razón o de voluntad (…). Las humanas y los humanos ponen y han de poner cuidado en todo: cuidado por la vida, por el cuerpo, por el espíritu, por la naturaleza, por la salud, por la persona amada, por el que sufre y por la casa. Sin el cuidado la vida perece.

Y quizá por esta ansiedad profunda y oculta de cuidado, el reportaje revela cómo el sicario, sorprendentemente, le pide al cura: Padre, necesito un abrazo.

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