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¡Qué bonita y gráfica palabra! Se la inventó la amiga Marta, de la Fundación Hazloposible durante la Cumbre Mundial de Innovación del Voluntariado en la que ambas participamos los días 28 al 30 de marzo.

Estábamos asistiendo a un clásico debate acerca  de lo que es y no es voluntariado y hacia dónde va la cosa. En ese contexto Marta se inventó la palabra para describir los anclajes que nos mantienen frecuentemente cautivos de nuestra historia.

En un encuentro sobre innovación es fácil descubrir las resistencias al cambio, las ataduras del del pasado, en una palabra, ¡las dinosauriadas!.

Creo que en el ámbito del voluntariado hay dinosauriadas para todos los gustos y situaciones. Pero puestos a simplificar, y como cuentan el Triásico y el Jurásico, se pueden resumir en dos: las herbívoras, más inocentes, y las carnívoras, más letales.

Las dinosauriadas herbívoras son las que apelan al siempre se ha hecho así. Son posicionamientos nostálgicos y un poco quejicas. Los cambios producen vértigo, desconcierto y miedo.

Las dinosauriadas carnívoras son las que caracterizan a los salvadores de la patria, los auténticos voluntarios, los que poseen el pedigrí, los que se atribuyen la capacidad de juzgar y condenar. Los cambios son vividos como una amenaza y, si no se pueden anular, se intentan descalificar.

Creo que todos tenemos un dinosaurio pequeñito escondido en nuestro ego, al calor de nuestras limitaciones e inseguridades. Podemos alimentarlo para que crezca como herbívoro o carnívoro.

Pero también podemos ponerlo dentro e un frasquito con formol, con una etiqueta que diga: Todo tiempo pasado no siempre fue mejor.

 

 

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