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El profesor Luis Rojas Marcos suele comentar que dos de las primeras cosas que le llaman la atención cuando viaja a España es el olor intenso a café – ¡no al aguachirle que bebemos en Estados Unidos! – y lo que llegan a hablar las mujeres.

Creo que lo de hablar se puede extender al conjunto de la población española. En comparación con otros países, nosotros parloteamos constantemente en la calle, en el metro y en cualquier lugar.

Aquí se habla mucho y se grita bastante. En cualquier caso, la oralidad española no se traduce en habilidad para hablar en público.

Lo que nos sale bien y nos gusta es charlar entre nosotros, con los amigotes, en la confianza y la seguridad, en el cara a cara… y en lo que nos hundimos es en oratoria, a diferencia de nuestros amigos argentinos o colombianos, que enhebran y bordan con esmero ambas capacidades.

Sentimos pánico escénico y nos echamos a temblar si tenemos que comunicar en público. Lo cual es un problema, porque saber comunicar es una de las competencias clave para desenvolverse personalmente, para encontrar el propio lugar en la vida, y para tejer redes de cohesión en las comunidades.

¡Aprovechemos la innegable disposición que tenemos a charlar para convertirla en capacidad comunicativa!

Este post es un resumen de un artículo más largo, Hablar y temblar en público, publicado por el Periódico Escuela. ¡De paso puedes leer, encima de éste, la estupenda reflexión sobre las Hipótesis peligrosas sobre educación inicial, de Juan Carlos Tedesco!

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