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Creo que a veces el trabajo en red nos lo planteamos como una condición de partida: sin trabajo en red no es posible hacer esto, o lo otro…

Y el problema es que planteado así, todo puede resultar más difícil, porque no tenemos bastante entrenamiento para ello. Queremos cocinar una paella sin haber resuelto un arroz hervido…

En los proyectos de aprendizaje-servicio pasa lo mismo. La mayoría requieren trabajo en red, pero tal vez antes de lanzarnos deberíamos aproximarnos a él, festejarlo. Por ejemplo conociendo, reconociendo o apoyando los buenos proyectos que otros desarrollan.

Imaginemos un profesor de secundaria motivado por el APS, pero aislado en un equipo docente apalancado o poco audaz. Una manera de aproximarse suavemente al trabajo en red podría consistir en estimular la participación de sus estudiantes en el campo de trabajo que organiza la asociación juvenil del barrio.

O incluso pedirles que, a la vuelta de la actividad, la presenten a sus compañeros. O pedirles que hagan un reporte escrito sobre la misma y evaluarla. O permitir que la asociación juvenil difunda en el instituto esta propuesta entre los chicos y chicas antes de llevarla a cabo.

O valorar su planteamiento y aportar ideas a los educadores de la asociación juvenil para que exploten mejor los aprendizajes del campo de trabajo que luego serán aprovechados en el aula.

Vale, de acuerdo, todas esas cosas no son, todavía, trabajar en red. Pero nos vamos acercando, conociendo y apoyando. Tenemos muchos arroces fáciles a aprender antes de llegar a la paella.

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