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Ya va siendo hora de que los educadores hablemos de dinero, de que coloquemos la economía en el espacio formativo que le corresponde.

Durante mucho tiempo ha sido un tema feo y desagradable, como ajeno a los invernaderos pedagógicos.

Recuerdo una anécdota que ilustra la extrañeza que los temas económicos nos producen a los educadores, imagínatela: 

Una reunión de padres y madres de una escuela de primaria, un tema a informar: las colonias escolares, una madre que pregunta el precio que tendrán y un profesor -el que lleva la reunión- que da como respuesta: No lo sé, esto pregúntalo en secretaría.

Al parecer el precio de las colonias no era una pregunta para formular al profesor, que está para informar de las cosas realmente importantes, pedagógicas, blancas, transparentes, inodoras e insípidas.

Los temas de dinero son incómodos, manchan, huelen, provocan ansiedad. A lo mejor por eso los escondemos, casi no aparecen en el currículum, y hasta nos enorgullece “no entender de estas cosas”. Pero la vida real es economía y la economía es también ética, en un sentido o en otro.

La crisis económica, el escándalo de las hipotecas, el consumo compulsivo, el desempleo que no para de crecer, el desmantelamiento de las cajas de ahorros, la nueva pobreza…  son economía y forman parte de nuestros problemas cotidianos y de nuestro “no saber” si somos ciudadanos o clientes.

No podemos seguir ignorando la educación financiera. Si no cabe en el programa, quitemos otras cosas. Pero hay que facilitar que nuestros niños y niñas vayan adquiriendo no sólo conocimientos e ideas claras sobre el dinero, sino también actitudes responsables y críticas.

Por eso creo que hay que seguir con atención el programa Valores de futuro, que cuenta con el asesoramiento de José Antonio Marina, Alejandro Tiana y Álex Rovira. Y apostar por propuestas valientes como la de Nittua: acercar la escuela a la economía solidaria.

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