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Parece increíble, pero en nuestros currículums de Educación para la Ciudadanía no figuran las buenas maneras, la cortesía, los modales o como quiera que  llamemos a ese intangible sin el cual la convivencia es más áspera y fría de lo necesario.

Y sin embargo, este contenido es imprescindible, como reclaman Victòria Camps y María Rosa Buxarrais en el artículo Buenos días, gracias, por favor… 

Tal vez estamos tan fascinados por las grandes construcciones morales, libertad, solidaridad, justicia, igualdad… que olvidamos los pequeños ladrillos, sin los cuales aquéllas pueden quedarse en aspiraciones bienintencionadas pero vacías de contenido.

Por ejemplo, el currículum estatal de la asignatura en Secundaria, página 718, bloque 2, Relaciones interpersonales y participación (o sea, donde tocaría poner algo de las buenas maneras), cita un abanico de contenidos democráticos absolutamente necesarios, pero ni una palabra de ser agradecido o considerado, disculparse o dar las buenas tardes.

Tampoco el currículum estatal de la asignatura en Primaria, página 43081, es mucho más concreto: ¡grandes orientaciones y pocas precisiones!. ¿Será que la precisión en este tema nos incomoda, o nos hace sentir antiguos y conservadores?

No me sirve la explicación de que esto no es objeto de traajo de la escuela, que las buenas maneras deben aprenderse en la familia, porque deben aprenderse y practicarse en todas partes, incluída la familia, claro está.

Cuando elaboramos los libros de texto de Educación para la Ciudadanía, Josep Maria Puig, Xus Martín, Jordi Beltrán, Ricard Dastis, Pere Carbonell y yo incluímos estos contenidos aunque no figuraban en el currículum, porque estamos convencidos de que sin pequeños ladrillos no se construyen los faros que nos iluminan y orientan.

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