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¡Tenemos que explicarnos los fracasos! Esta mañana, Mariona nos animaba a compartir experiencias negativas en las actividades de formación.

Estábamos en  el ICE de la Universidad de Barcelona, y se trataba de dibujar las líneas maestras de la próxima edición del seminario de formación de formadores en aprendizaje-servicio que organiza cada año esta institución.

En tres años hemos ido modificando las reflexiones, metodologías y materiales que usamos en los cursos, cosechando aciertos y fracasos. Sería una equivocación limitarnos a compartir sólo los primeros. ¡De los fracasos también se aprende!

Los formadores solemos cometer errores: un ejemplo mal escogido, un ejercicio mal planteado, una respuesta insatisfactoria, una dinámica inadecuada… Y, además, a veces la cosa fracasa sin que sepamos exactamente la causa…  ¡cuánto podríamos aprender si analizáramos todo esto con objetividad y un poco de cariño!

Para convencernos podríamos leer El hombre que tuvo la fortuna de fracasar, el libro del amigo José Luis Montes, creador de la asociación Wikihapiness. Me encanta el ejemplo del montañismo a la hora de explicar cómo sacar partido a los fracasos. Y lo digo por experiencia: la montaña te acaba colocando siempre en tu sitio.

En mi colección de fracasos recuerdo especialmente un Balaitús sin la forma física suficiente. La frustración me llevó a plantearme seriamente un entrenamiento continuado para poder disfrutar de mi pasión montañera. Gracias a ello, luego he podido subir al Balaitús varias veces, incluso vivaquear a pocos metros de la cima.

Creo que mi próximo entrenamiento, en el terreno de la formación, consistirá probablemente en explotar más y mejor el potencial de los participantes. A veces tengo la certeza de haberlo desaprovechado. Y para un formador esto es un fracaso… ¿o no?

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