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Siempre me ha dado mucha pereza mostrar a mis amistades de fuera de Barcelona el Parque Güell.

Cuando lo he intentado,  he tenido casi siempre la mala suerte de encontrarlo sucio y demasiado lleno de gente como para poder disfrutar tranquilamente de la naturaleza y de la obra de Gaudí.

Pero casi lo peor ha sido comprobar la dejadez de muchos visitantes, tanto turistas como barceloneses, a la hora de respetar el entorno: basura, grafittis, gritos, animales no controlados… y la típica y patética escena de los graciosillos que se suben al lomo del dragón, uno de los emblemas del parque, como quien se sube a una atracción de feria.

Como que una no siempre tiene ganas de enfadarse y discutir con los ciudadanos o turistas que se comportan de manera bochornosa, la solución más fácil para mí ha sido descartar la visita para evitar la situación de pasar vergüenza.

Pero voy a cambiar de opinión después de leer la noticia de esta iniciativa que comparten las escuelas del entorno del Parque Güell.

Los niños y niñas nos dan lecciones de respeto y sentido común a las personas adultas, con el decálogo para el buen uso  del parque que han elaborado, tomando el Parque Güell como espacio donde ejercer su ciudadanía activa. La televisión del barrio también ha recogido la iniciativa.

Como puedes ver en el blog de la Escuela Baldiri Reixach, los alumnos también han plantado arbustos en una de las zonas del parque afectada por las últimas ventoleras. Cuidan el parque y piden que los ciudadanos y turistas lo respetemos. Un ejemplo espléndido de aprendizaje-servicio.

A partir de ahora voy a mostrar el Parque Güell sin miedo a equivocarme, porque, en el peor de los casos, aunque todavía no me lo encuentre todo lo limpio y pulcro que yo quisiera, sé que los guardianes del dragón están vigilando y voy a sentirme orgullosa de ellos.

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