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Ayer estuve trabajando con Susagna, Meri, José Luis, Remei y Clara, responsables de formación y proyectos educativos en diversos ámbitos de la Fundación Catalana de l’Esplai.

Nos reunimos para pensar cómo multiplicar la capacidad de los educadores a la hora de formar en aprendizaje-servicio a otros educadores en el campo de la educación el el tiempo libre. Es decir, de formar en cascada, alejándonos del academicismo y transmitiendo mensajes sencillos, claros y vertebrados, sobretodo, por las prácticas.

¡Puesto que el aprendizaje-servicio no es en absoluto una cosa complicada, la formación en esta metodología no tiene porque estar reservada al olimpo pedagógico!.

Estuvimos dándole vueltas al diseño de una formación de formadores muy básica y a la medida de las necesidades de los esplais, los clubs de tiempo libre. Y salió un esquema sencillo y estimulante, en el que una parte significativa consiste en identificar y analizar lo que ya se está haciendo.

Sin embargo, la sencillez metodológica no oculta la profundidad de la propuesta. Para los centros de educación no formal desarrollar prácticas de aprendizaje-servicio puede representar cuestionar otras actuaciones o, por lo menos, alterar las prioridades.

El hecho de incorporar el servicio a la comunidad como un eje de actuación de estos centros implica reforzar el compromiso y la función social de los mismos, y el hecho de sistematizar los aprendizajes (curriculares o no) vinculados al servicio implica también resituarse en relación a la escuela y el instituto.

Colocar el aprendizaje-servicio en el corazón de la educación no formal es un cambio cualitativo formidable.

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