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Etang-Pessons-1Ayer fuimos de excursión al Pico de Pessons, una cima de 2.864 metros en el Pirineo de Andorra. Tuvimos un día estupendo, claro, luminoso, con los típicos colores dorados y tostados de principios de otoño. Se trata de una ruta de unos 700 metros de desnivel y unas 6 horas entre ida y vuelta, subiendo a uno de los picos más altos de Andorra.

Me gusta mucho salir de excursión con los amigos, pero también disfruto cuando comparto la ascensión con personas que acabo de conocer, como pasó ayer. Es un doble descubrimiento: personas y paisajes, dos impactos que se refuerzan el uno al otro.

Mientras ascendíamos entre lagos y canchales, oímos a lo lejos el ruido inconfundible de las motos.  Una vez en el pico aparecieron de golpe y llegaron hasta la cima. Eran cinco o seis, conducidas por personas alegres y educadas. Apenas se quedaron unos instantes y desaparecieron tras saludarnos y desearnos una buena jornada.

Inmediatamente surgió la controversia: ¿debe permitirse el acceso de las motos a este tipo de paisajes del Pirineo? Tres a uno: sólo uno de nuestro grupo veía con buenos ojos esta permisividad: Mientras no hagan mucho ruído, mientras no ensucien… ¡si incluso colaboran a mantener los caminos!

Pero los otros no lo teníamos tan claro… Para disfrutar de la naturaleza es necesario respetarla, y a veces el respeto requiere una cierta dosis de contención, de “abstenerse de hacer lo que en teoría se podría hacer si se hiciera con cuidado”. A parte de un trabalenguas, parece una difícil consigna.

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